Cuando me diagnosticaron hipotiroidismo de Hashimoto, lo primero que me explicaron fue lo básico: cansancio, aumento de peso, poco más.
Pero con el tiempo me di cuenta de que había muchas cosas que me pasaban y que nadie me había explicado. Cosas que no salen en una lista rápida, pero que en el día a día se notan muchísimo.
Todo esto que cuento es desde mi experiencia personal y desde lo que he ido aprendiendo leyendo mucho e informándome por mi cuenta. No es una explicación médica, pero sí algo que, al menos a mí, me ayudó a entenderme mejor.
Ese cansancio que no es “normal”
No es solo estar cansada. Es levantarte ya cansada. Es sentir que has dormido, pero tu cuerpo no ha descansado.
Durante mucho tiempo pensé que era estrés, que era porque no paraba, que era “lo normal”. Pero no lo era.
He leído en varios artículos médicos que el hipotiroidismo puede ralentizar muchas funciones del cuerpo, y eso afecta directamente a la energía. Aunque estés dentro de rango en una analítica, ese cansancio puede seguir ahí.
Y cuando lo entiendes, dejas de culparte tanto.
La cabeza va más lenta
Otra cosa que a mí me pasaba mucho era la sensación de estar más lenta mentalmente. Me costaba concentrarme, olvidaba cosas, no tenía la misma agilidad de antes.
Y esto tampoco lo había relacionado con la tiroides al principio.
Con el tiempo leí que también puede afectar a nivel cognitivo, a la memoria y a la claridad mental. Y todo empezó a tener más sentido.
Cambios en el cuerpo que no entiendes
El peso es lo más visible, pero no es lo único. Retención de líquidos, hinchazón, sensación de no reconocer tu propio cuerpo…
A mí me pasaba y me frustraba muchísimo, porque sentía que hiciera lo que hiciera, mi cuerpo iba por libre.
Y esto desgasta mucho, más de lo que parece.
El estado de ánimo también cambia
Esto es algo de lo que se habla menos. Esa sensación de estar más apagada, más irritable o incluso más triste sin una razón clara.
No es algo exagerado, pero sí constante. Como si te faltara chispa.
Y cuando lo juntas con el cansancio, todo pesa más.
Sentirte incomprendida
Para mí, uno de los síntomas más difíciles no era físico. Era la sensación de que los demás no lo entendían.
Porque desde fuera no se ve nada. Y cuando dices “estoy cansada”, muchas veces la respuesta es “yo también”.
Pero no es lo mismo.
Es como llevar una mochila que nadie más ve.
Empezar a entender lo que te pasa
A mí me ayudó mucho ponerle nombre a todo esto. Leer, informarme y ver que no era la única.
No para obsesionarme, sino para entenderme mejor y dejar de pensar que el problema era mío.
Porque cuando entiendes lo que te pasa, también empiezas a cuidarte de otra manera.
Una última cosa
Todo lo que cuento aquí es desde mi experiencia personal y desde lo que he ido aprendiendo leyendo mucho. No sustituye en ningún caso el seguimiento médico.
Pero si algo de esto te resuena, que sepas que no estás sola. A muchas nos ha pasado.
Si quieres entender mejor todo el proceso, puedes leer aquí mi historia completa.
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